Héroes de Leyenda

Apartado en el que puedes encontrar rodadas en circuitos para experimentar un subidón de adrenalina.

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Héroes de Leyenda

Mensajepor Smeck » Mar Nov 24, 2009 3:04 pm

Carl Fogarty: Pez grande en la charca pequeña

Carl Fogarty es la gran referencia del Mundial de SBK. Casi una década después de su retirada sigue siendo el hombre-récord de la categoría. Podía haber sido uno de los mejores en los Grandes Premios, pero prefirió quedarse en SBK a medirse con las estrellas de 500.

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A menudo nos encontramos con muchos interrogantes en la carrera deportiva de un piloto, preguntas sin respuesta porque no se puede volver el tiempo atrás. Carl Fogarty es un piloto, excepcional sin duda, sobre el que pende una gran duda: ¿qué hubiera sido capaz de hacer en los Grandes Premios? Fogarty es el mejor piloto del Mundial de Superbike, es el hombre-récord del campeonato, el que más títulos y más carreras ha ganado en las 21 temporadas disputadas hasta el momento, pero “Foggy” nunca llegó a disputar una temporada completa en 500, y en sus escasas participaciones nunca dispuso de un material acorde a su nivel. Por eso muchos hablaron de él como un pez grande en una charca pequeña.
Greg Hansford: El antidivo

Gregg Hansford fue uno de los mejores pilotos que ha dado Australia, pero diversas circunstancias impidieron que pudiera llegar a triunfar en el Mundial de Velocidad. Su trágica pérdida en una competición automovilística, acrecentó aún más su extraordinaria leyenda.

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Hansford fue uno de esos talentos innatos que hacía todo con una naturalidad difícil de encontrar. Su imagen impresionante, alto, rubio y atractivo, con buena planta y un carácter noble y apacible, le hicieron fácilmente distinguible dentro del “paddock”; pero Hansford nunca llegó a ser una superestrella. Él encajaba más bien en el rol del “antidivo”, aunque su personalidad se transformaba una vez que salía a pista.

Desde muy joven se inició en las carreras de motos, y en general siempre se sintió atraído por el mundo del motor. Empezó a correr en 1971, con 19 años, y enseguida se hizo un hueco en las competiciones de gran cilindrada en Australia. Fue contemporáneo de algunos reconocidos nombres de la época, como Warren Willing, destacado piloto de los ‘70 que ganó fama posteriormente como técnico en el Team Roberts y en KTM. Hansford, Willing y Toombs formaron una amigable cuadrilla que compartían sus aventuras en las carreras y rivalizaban en cada pista por la victoria.

En 1973 Hansford ganó su primer título australiano, al conseguir la victoria en la categoría “Unlimited” -que venía a ser algo así como “Fuerza Libre” en España, una categoría en la que se podía correr con cualquier tipo de moto, sin límites-. Hansford corría con una Kawasaki H2R, una tricilíndrica “dos tiempos” de aire, de 750 cc, con la que la marca japonesa tuvo notable éxito en Estados Unidos y Australia. Ese resultado le animó a probar con la aventura americana, y junto a Willing y Toombs viajó a Daytona para correr las 200 Millas, con una Yamaha TZ 700. Esa temporada no fue nada fácil, pero siguió logrando buenos resultados, e incluso decidió abrir su propio negocio, una tienda de motos. Las cosas le llegaron rodadas, y poco después de poner en marcha su tienda, ésta pasó a un segundo plano porque recibió una oferta de Kawasaki para ser piloto oficial de la marca.
John Kocinski: A la sombra de los más grandes

John Kocinski fue un piloto extraordinario, un talento precoz, un gran campeón, pero tuvo la desgracia de coincidir con una generación de corredores excepcionales que ensombrecieron su carrera deportiva y terminaron por convertirle en un actor secundario.

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La vida de John Kocinski no fue muy diferente de lo que puede ser ahora la de cualquier muchacho que se inicia en las carreras. Lo excepcional es que hace 25 años no era muy habitual encontrarse con un niño seudo adolescente mezclado en el ambiente profesional de las competiciones norteamericanas. John Kocinski nació en Little Rock, una pequeña ciudad del estado de Arkansas, en el interior de Estados Unidos.

La afición de su padre hizo que se subiera a una moto a los cuatro años de edad, y no tardó en medirse con niños de su edad en carreras de motocross con una Kawasaki KX 75, con la que no tardaría en ganar carreras. Estuvo compitiendo en motocross infantiles y juveniles hasta los 12 años, y en 1981, con sólo trece, se metió por primera vez en un circuito de velocidad. Desde entonces, ya no abandonaría el asfalto.

Norick Abe: Tormenta de abril

Pocas carreras se recuerdan con tanta nitidez después del paso de los años como aquella que marcó el debut de Norifumi Abe en el Mundial de 500. En aquel Gran Premio de Japón de 1994 descubrimos a un piloto que terminó cautivándonos con el paso de los años.

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Fue uno de esos talentos que, por las circunstancias que sean, no terminaron de triunfar en el campeonato. Pero a pesar de que Abe no fuera un gran campeón, y valentía en la pista y su forma de ser le convirtieron en una persona querida y admirada por todos. Aquella melena sacudida al viento en Suzuka, en 1994, mientras, sin el menor complejo, le disputaba el liderato de la carrera en su debut en el Mundial de 500 a Kevin Schwantz y Mick Doohan, lo recordamos todavía hoy con una nitidez y claridad como pocas cosas. Por más que pasen los años, Suzuka ‘94 es un recuerdo imborrable. Y el desenlace brutal, aquella caída a final de recta, fue un remate impresionante a una carrera sensacional. Lo de menos fue el final, aquella caída. Poco importaba ese final, porque Abe había conseguido atraparnos a todos.

Norick había nacido en Tokio en 1975 en el seno de una familia dedicada al deporte. Su padre era piloto automovilista, y su madre golfista profesional. Con cinco años ya estaba rodando en moto, y a los doce ya hizo su primera carrera de minimotos. Su participación en competiciones fue más frecuente cuando su padre comprobó que Abe iba cada vez más rápido. Así, con sólo quince años, viajó a California para trabajar con Kenny Roberts Junior en el rancho de «King» Kenny, en Modesto, practicando motocross y «dirt track». Estuvo corriendo en Estados Unidos hasta que cumplió los 16 años, la edad mínima exigida en Japón para poder competir en velocidad.
Ricardo Tormo: Corazón de León

En una época en la que Ángel Nieto era todo el motociclismo español, hubo un piloto, Ricardo Tormo, que puso en duda la superioridad del “doce más uno”. Y no sólo eso. Tormo simbolizó el esfuerzo de superación que, en no pocas ocasiones, terminó culminando en éxitos.

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Ricardo Tormo fue una referencia y un ejemplo para todos los deportistas. La historia de este voluntarioso valenciano, de una terquedad noble, llena de razón, le marcó de por vida y fue un símbolo de su carácter. Este Ricardo Corazón de León del motociclismo español fue un piloto inolvidable. Salió de la nada, de la inagotable cantera valencia, de un motociclismo que cada fin de semana salpicaba el calendario de carreras con sus trofeos de fiestas por cualquier rincón de las tres provincias valencianas, Castellón, Valencia y Alicante, pero también por Albacete y Murcia, componiendo un pequeño cosmos motociclista en el que Tormo echó a andar.

De niño, Ricardo vivió cerca del ambiente de las motos, porque su tío Pascual poseía un pequeño y modesto taller mecánico, pero las motos no eran su principal anhelo. Le atraía la mecánica, pero no la competición. Comenzó aficionándose al ciclismo, hasta que una mala caída (sin graves consecuencias, pero sí muy dolorosa), le hizo renegar de la bici. La vendió, y con los cuatro duros que se sacó se compró una Ducson 49 de tres velocidades, oxidada y cochambrosa; empleó todo su talento en ponerla a punto.

Jordi Tarrés: Reinventó el trial

Jordi Tarrés reinventó el trial. Cosechó nada menos que siete títulos de Campeón del Mundo, un hito sólo igualado, de momento, por Dougie Lampkin… Pero el mérito de Tarrés fue el de incorporar una nueva forma de hacer trial, directamente importada del mundo del trial en bicicleta y donde los movimientos en parado y la espectacularidad fueron las señas de identidad.


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“Antes de empezar a correr, entrenaba con mi hermano y un piloto oficial de Bultaco, pero yo no les hacía mucho caso e iba muy a mi aire.”

“Desde muy pequeño el trial era algo que me gustaba mucho. Muy cerca de mi casa se disputaba una prueba del mundial, y un vecino mío, Pepitu Casademunt era piloto oficial de Bultaco, y yo veía que le facilitaban motos, recambio, le veía entrenar, y todo aquel mundo me atraía una barbaridad. Mi hermano también hacía trial, pero yo empecé con la bicicleta, porque no habían otros medios. Primero me transformaba yo mismo las bicis para convertirlas en bicis de trial, para más tarde poder comprarme una Montesita de trialsin. Pasé tres años corriendo en bici, y gracias a la ayuda de Trueba pude comprarme mi primera moto, con la que empecé a entrenar con mi hermano Francesc y Casademunt, aunque yo iba muy a mi aire. De esta forma, en mi primera carrera ya lo hice bastante bien y la gente se fijó en mí.
En 1983 disputé un par de pruebas junior y en 1984 ya participé en el nacional absoluto, ganando incluso una carrera. Fue también la época en que decidí dedicarme a fondo en esto, dejando de trabajar y buscándome la vida como podía.
Quemé las etapas muy rápido, porque empecé un poco tarde, sobre todo comparado con los chavales de ahora, y al año siguiente ya estaba participando en el Mundial con la ayuda de Pere Ollé, a excepción de las carreras de USA y Canadá, y aun así acabé el once.
Al año siguiente, en 1986 logré acabar cuarto, y ahí ya se me empezaron a abrir puertas en forma de ayudas y apoyos para encarrilar mi carrera. Los principios los recuerdo muy duros, viajando y durmiendo en una furgoneta, con la familia de Riccardo Bosi, mecánico de Beta que ahora asiste a Kuroyama, pero no puedo decir que lo pasara mal ni mucho menos, porque hacía lo que me gustaba.”
Gary Hocking: Una estrella fugaz


Perdido en la ya amplia lista de campeones se encuentra el nombre de Gary Hocking, pero este rodesiano debe recordado por su talento, sus numerosos éxitos, y la nobleza que le impulsó a dejarlo todo cuando estaba en la cumbre de este deporte, por el dolor de un amigo perdido.

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Los que conocieron a Gary Hocking hablan de él como un tremendo competidor. En todo. Pero también reconocen en su figura a una persona sensible y fiel, capaz de dejarlo todo por un amigo. Por encima de sus éxitos deportivos, que no son pocos -dos campeonatos del mundo, cuatro subcampeonatos y 19 victorias en GP, en poco más de cuatro temporadas-, Hocking es recordado por todos por el gesto que le llevó a dejar el Mundial, cuando estaba situado en la cumbre del campeonato, incapaz de soportar el dolor de la ausencia de un amigo fallecido: Tom Phillis.

Inglés de nacimiento, la familia Hocking emigró a Rodesia (hoy Zimbawe) siendo él muy niño, una situación similar a la vivida por Jim Redman, y una vez establecida su familia en Rodesia adquirieron esa nacionalidad.
Hocking vivía en Bulawayo, y curiosamente allí coincidió con otro joven rodesiano con el que trabaría una profunda amistad: Nobby Clark, que se convertiría en el andar de los años en un prestigioso mecánico que trabajó primero con Hocking y posteriormente con Hailwood en Honda, Agostini en MV Agusta, y culminó su carrera profesional con Roberts en Yamaha.
John Surtees: Un talento innato

Hay muchas capacidades del ser humano que se aprenden, que son adquiridas, pero otras resultan completamente innatas en la persona. Éste es el caso de John Surtees,”Big John”, la única persona que ha sido capaz de ser campeón del mundo en las máximas categorías del automovilismo y motociclismo.

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La familia de John Surtees poseía un negocio de venta de automóviles en Westerham, así que el joven John enseguida se aficionó por el mundo del motor. Siempre estuvieron detrás, apoyándole, impulsándole, como un respaldo definitivo. Y todo con una aparente naturalidad, con una facilidad innata. Disputó su primer Gran Premio en el Ulster, con una Norton 500, con la que fue sexto.

Aquellos primeros años fueron tiempos de formación, y sufrió algún percance, como en 1953, cuando estuvo fuera de combate por un largo tiempo. Corría con sus eficaces Norton privadas en 350 y 500, pero su primera victoria en el Mundial llegaría en 250, en su única participación en la categoría a lomos de una NSU.

Tenía 21 años y ya contaba con un abultado palmarés, cuajado de importantes victorias en pruebas internacionales. Hasta que un día recibió una llamada: el conde Doménico Agusta le invitaba a probar sus motos en Monza y Módena. Surtees fue un piloto metódico y minucioso, un gran técnico, y cuando se subió por primera vez a la pesada pero potente MV Agusta 500, sus ajustes y continuas paradas en los boxes estuvieron a punto de sacar de quicio a los italianos. Invirtió mucho, muchísimo tiempo en detalles aparentemente insignificantes: el manillar, el asiento, las manetas… Pero cuando les dijo que la moto estaba a su gusto, apenas le bastaron unas pocas vueltas para batir el récord de la pista.
Randy Mamola: Campeón sin corona

Randy Mamola es uno de los personajes más populares del Mundial. A su brillante trayectoria en el campeonato se une una espontaneidad que le ha granjeado la amistad y la admiración de todos. Lleva más de una década fuera de las carreras, pero es tan popular como si siguiera compitiendo.

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La segunda mitad de la década de los setenta marcó la llegada al Mundial de los pilotos norteamericanos. Sin duda que la figura de Kenny Roberts es la referencia de aquella hornada de brillantes pilotos, pero antes de que el californiano aterrizara en el Mundial habían llegado Pat Hennen (el primer norteamericano que ganó un Gran Premio) en 1976, y Steve Baker (el primer campeón norteamericano, ganador del título de 750 en 1977) el año siguiente. Después, en 1978, llegó Roberts, y como reconocieron sus compatriotas en la celebración homenaje de MotoGP a los pilotos norteamericanos en Laguna Seca, en el pasado Gran Premio de Estados Unidos, «Kenny se encargó de abrirnos la puerta».

En 1978 Roberts ganó el Mundial de 500, y desaparecieron de escena Hennen (tres meses en coma tras una terrible caída en el Tourist Trophy) y Baker, retirado tras una discreta temporada ‘78. Pero Roberts no se quedó solo. En 1979 le acompañaron dos nuevos talentos yanquis: Mike Baldwin, campeón de la F-1 norteamericana, y un jovencito (19 años) pecoso y bromista llamado Randy Mamola, que no pasó desapercibido en el «paddock», con sus rizos, su gorra calada, y una camiseta de Mickey Mouse que usaba con cierta frecuencia.
Barry Sheene: La eterna felicidad

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Barry Sheene fue un “cockney” londinense, un chico de barrio, que se convirtió en un icono mundial. Su historia está plagada de detalles, y en todos ellos brilla la alegre mirada de Barry, y su humor cautivador. Hace ya cinco años una fulminante enfermedad acabó con él, pero no nos lo arrebató de nuestros corazones.

Si buscas una foto de Barry Sheene, de cualquier época, será difícil encontrarle en actitud arisca, o con aspecto taciturno. Su sonrisa adorna siempre las instantáneas, en la mayoría de los casos burlesca y desenfadada, con sano humor, como riéndose de sí mismo. Sheene representa el último vestigio del brillante motociclismo británico que, como su pasado imperio, dominó el mundo. Sheene fue el último gran campeón británico, el heredero de un trono por el que pasaron nombres míticos de la historia del motociclismo: Duke, Surtees, Hailwood y Read.

La historia de Sheene es la historia de como un chico de barrio llegó a ser recibido por la Reina Isabel II de Inglaterra, y colmado con los máximos honores que puede recibir un británico, el título MBE: Member British Empire (Miembro del Imperio Británico).
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